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Tú y yo somos el Bicentenario y ellos, los del negocio…
Imagina que se organiza un gran show para festejar el Bicentenario de la independencia y centenario de la revolución; una superproducción, de esas que les gustan tanto a los panistas, con artistas de Televisa como conductores, bailes y “mucha diversión”, con cápsulas “históricas”, ligth, para que la gente además crea que es bien culta por “aprender historia” por televisión. Claro, esos festejos son organizados por el Gobierno Federal, para llevarlos a cabo utiliza la tercera parte de los 2700 millones de pesos que a la fecha lleva destinados para semejante evento. Escenografías, sueldos de artistas, coreógrafos, material, transportes, producciones televisivas, gradas para los asistentes, publicidad, etc.. etc. Todo sale de los 900 millones de pesos que tú y yo pagamos con nuestros impuestos… impuestos que por cierto, el año pasado nos los subieron a 16% por que había un supuesto “boquete fiscal” y el país estaba a punto de irse a la ruina… o al menos eso nos dijeron.
Pero tan enorme evento necesita ser transmitido a todos los rincones de nuestro país y es ahí donde las televisoras entran al quite, ya sabes, tan heróicas ellas… Destinan sus señales para una gran cobertura de tan magno evento y ya de paso lo hacen SU show, SU evento y claro, tan acostumbradas ellas, pues meten patrocinios durante las transmisiones, barras de comerciales que además se cobrarán como oro, ya que los ratings de una transmisión como esa y con un pueblo tan teleadicto como el nuestro, se irán a los cielos. En pocas palabras, tú, yo, todos nosotros le pagaremos los costos de producción a Televisa de un mega show que ellos comercializarán, obteniendo ganancias que superaran por cientos de veces lo ofrecido en engaños tan ridículos como “Iniciativa México”.
Tú y yo somos el Bicentenario y ellos, los del negocio…
Por: ACIDminds
¡Espera tu pinche turno! - segundo round
Diciembre, la época del consumismo por excelencia, la época de los supermercados abarrotados hasta altas horas de la noche, la época en que más días seguidos desearíamos no salir de casa…
Estoy en la eterna fila del supermercado, fráncamente engentado y ya es muy tarde. Afortunadamente sólo falta una persona más para que me atiendan… ¡Pero claro! el pinche Murphy y sus leyes que taaaaanto odio se hacen presentes. No sé si me veo muy buenaondita o muy pendejo, pero siempre, sempre, los gandallitas me eligen a mí para pedirme que les deje meterse a la fila… “ándele joven… yo ‘nomás voy a pagar este refresco”… En este caso fue una viejecita, haciendo uso de su edad y con una voz tan tierna que hasta doña Sara García se hubiera quedado pendeja, se me hacerca y me dice:
Joven, ¿sería tan amable de dejarme pasar sólo para ver con la cajera cuánto saldo me queda?
Acto seguido me enseña una tarjeta, creo que de esas que les dan a las personas de la tercera edad para depositarles una pensión o algo así. Le respondo:
Híjole señora, pero es que no nada más soy yo… hay mucha gente formada atrás de mí…
No termino de pronunciar el “mí”, cuando rápidaamente, con la agilidad de un adolescente se coloca ya dentro de la fila y alcanza a murmurar algo que entiendo como:
Sí sólo voy a checar mi saldo, no me tardo.
Para mis adentros pensé, a que viejita tan gandalla, pero bueeeeno… respetemos sus canas.
Le toca su turno a la anciana colada y rápidamente de las bolsas de su chaleco, ya saben, de esos que usan las abuelitas, saca una coca de 600 ml, unas galletas y otras 3 madres más, no recuerdo exactamente qué. Y así, como si nada los coloca en la banda para que se los cobren… ¡a chingá! ¿pues qué no ‘nomás iba a ver su saldo? Ya con todo mi sagrado derecho de encabronarme le digo en un tono muy mamón:
Oiga señora ¿no que nada más iba a ver cuánto dinero tenía?.
A lo que ella me contesta con voz arriero:
Ay jóven, para saber cuánto tengo necesito comprar algo…

De la dulce vocecita de abuelita de comercial no quedaba ni madres, además el “ay joven” me lo dijo con un tono de “no mames, estás pendejo o qué”. ¡Puta madre! A esas alturas el respeto a sus canas me venía valiendo lo que se dice madres:
¡Pues entonces hubiera comprado unos chicles señora y me hubiera dicho que la dejara meter a pagar unos chicles y no andar diciendo mentiras, seamos maduros y aprenda a esperar su (pinche) turno!
Como mi tono fue también como de Chavela Vargas encabronada, pues la viejita le midió el agua a los tamales y ya mejor se quedó callada… eso y que ya todo mundo nos estaba volteando a ver, supongo.
Termina la señora de hacer sus compras a expensas del tiempo de los demás, espera a que le den su bolsa y entonces sí, aplica la clásica valentonada de decir la última palabra y salir corriendo. Se aleja rápidamente de la caja diciendo no sé que madres, ya no le entiendo y ni hago el esfuerzo por hacerlo… Si algo me caga en esta vida es alguien que la caga y que todavía la hace de pedo, espero no llegar a esa edad sin entender esa regla tan básica.
Fráncamente para las cinco cositas que compró la anciana, era mucho hacérsela de pedo, pero en realidad lo que me encabronó fue su gandallez, como ya lo dije antes, si en nuestra sociedad aprendiéramos a esperar nuestro turno y no querer pasar por encima de los derechos de los demás, este país sería diferente.
Publicado por: ACIDminds.
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En Juanito se exhibe la democracia convertida en demagogia por nuestras izquierdas. Juanito se ha convertido en el icono de una izquierda populista y manipuladora que usa y abusa de los más ignorantes y de los que menos tienen. Pone de manifiesto a líderes de izquierda, que en el juego político, han olvidado el verdadero sentido de su lucha.


