Tuesday, March 02
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Mi padre no nos dejó nada, sólo un nombre sagrado, que hemos sabido respetar. Me ha tocado ir allá por donde se firmó el Plan de Ayala y la gente supo que era hija del general. Se llenaron las manos con florecitas de campo y me las fueron a regalar, me abrazaban, me llevaron a sus casas y allá tenían la imagen de Zapata en una repisa con veladoras. Me dijeron que les hacía milagros. Siembran, le piden a mi padre y sale la milpa. Mientras creamos y respetemos a nuestros antepasados, qué bueno. ¿No es bonito eso? ¡caramba!”.
Ana Zapata Portillo, última hija del General Emiliano Zapata, fallecida el pasado domingo 28 de Febrero de 2010. Extracto del texto publicado en La Jornada por Francesco Taboada Tabone.
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